Por Ignacio Oliva
"La rosa de nadie” presenta un guión estructurado en cuatro espacio/tiempo distintos que muestran los diferentes frentes de avance de la historia. Situamos el drama en tres estadios diferentes de movimiento de la historia y en un espacio narrativo natural, a los que atravesamos con un espacio no narrativo que aporta una claves simbólica al propio desarrollo de la historia. Este planteamiento lo podemos ver en cuatro niveles:
El laberinto de la memoria
La primera unidad espacio/ temporal recoge las consecuencias de la oscura búsqueda de DANIEL que le conduce de un modo errático y bajo una pulsión oscura a la evocación de un presente herido por la memoria. Este es el espacio y el tiempo del laberinto de la memoria, un lugar sublimado que se resuelve en una suerte de “meta-lugar” simbolizado por el tren, un tren que recorre una geografía irreal, onírica, donde la escena misma de la caducidad se anuncia, al fin, bajo un concepto de destino.
Cárceles del pensamiento.
En segundo lugar planteamos un espacio narrativo en el que se sitúa MANUELA que se halla atravesado por otra sombría pulsión, la de la droga como refugio y que representa la figura de la negación de la memoria, la afirmación del olvido voluntario, la anestesia, en última instancia, respecto a una realidad no aceptada. Representa, de algún modo, la vida ciega o negada.
Presente natural.
En tercer lugar presentamos la confluencia biográfica de MANUELA y DANIEL y la representación de un tiempo que se precipita inexorable hacia la destrucción. Es un presente errático, una huída compartida hacia delante fundamentada en la distorsión y, a fin de cuentas, en la disolución de la perspectiva de la realidad.
Espacio metafórico.
En último lugar presentamos un espacio/tiempo simbólico y no narrativo que sustenta una deriva no naturalista de la película. Es un espacio “impresionista” donde movimiento y forma se abren paso desde sensaciones puramente viscerales. Estas secuencias ofrecen un contrapunto formal y conceptual que completa las propias emociones de los personajes e introducen al espectador en un territorio emocional abierto.
Ignacio Oliva, guionista y director




